11 jun. 2014

La Joven del jardín: "Un encuentro inesperado" - Pilar Lepe

La joven del jardín: "Un encuentro inesperado" (extracto)

Thomas enfadado consigo mismo, se metió a la bañera de agua caliente. Para pasar la rabia que sentía llamó a Ralph y le pidió una copa de Brandy.
—Acerca una silla y déjame la botella aquí.
—¿Necesita algo más señor?
—Sí, dejar de ser un lord.
—Me temo que eso no se puede milord.
—¡Vete ya!
Después que el mayordomo se retirara, comenzó a pensar en su vida. Los únicos años buenos habían sido los que pasó al lado de Rosalie. Era lo único que le había gustado de ser lord, la posibilidad de casarse con una joven de buena familia, hija de un verdadero lord devoto del rey que lo había aceptado de inmediato al saber que él era un héroe. Con ella había aprendido todo lo que necesitaba saber para comportarse en sociedad, Rosalie lo había adorado y él la había amado más que a su propia vida. Y pensar que todavía estaría disfrutando de su compañía si no le hubiera obsequiado la yegua que ella tanto deseaba.
Thomas odiaba esa vida de apariencias que le había tocado aceptar, pero a un rey no se le desprecia. Hubiese preferido seguir siendo segundo lacayo, soldado o campesino. Su vida sería suya y sería libre de retozar con quien quisiera en el campo. Su mente amargada pasó de un pensamiento a otro: Laura. 
Laura era una joven deseable en extremo. Cuando se había acercado a él para curarle la herida, había podido sentir el aroma a rosas del jabón con el que seguramente había frotado su cuerpo al bañarse. ¿Cómo se bañaría Laura? ¿Desnuda o con camisola cómo se supone que hacían las damas recatadas? Pensar en esto le provocó una erección inmediata. No le quedaba más remedio que satisfacerse a sí mismo.
Rodeó con la mano izquierda su pene con firmeza mientras en su mente recordaba los senos de Laura rozando su rostro. Imaginó hundiendo su cara en el valle que se formaba entre ambos pechos. Su mano ya había comenzado a moverse con rapidez en tanto que su mente proyectaba lujuriosas escenas con la señorita Flint. El pulso se le aceleró a medida que se acercaba al clímax y los cuadros recreados en su mente se volvían más salvajes. Se mordió la mano libre para no gritar cuando sobrevino el orgasmo, no quería llamar la atención de nadie, sabía que si lo llegaban a escuchar vendrían de inmediato para ver qué lo ocurría.
Salió de la bañera con fastidio, a pesar de que eran sus propios fluidos sintió asco de verlos esparcidos en el agua. No sabía qué le estaba pasando, él acostumbraba a tener dominio sobre sus emociones y necesidades físicas, pero ahora se estaba comportando como un chiquillo. ¿Sería Laura la culpable?
No estaba seguro de que así fuera, lo único que sabía era que hacía mucho tiempo que no ese ímpetu, esas ganas locas de perderse entre las faldas de una mujer.
Se fue a la cama pensando en algún pretexto para hacerla venir, no quería asustarla, tampoco quería que sus tíos se dieran cuenta y fueran a pensar que se aprovechaba de su posición para intentar seducir a la muchacha. Con una idea en mente se levantó de la cama y fue hasta la chimenea para tirar del cordón, con suerte Laura contestaría el llamado.
Laura ayudaba a su tía a preparar la cena cuando sonó la campanilla, el llamado venía de la habitación del lord como era de esperar. Se quedó con la mente en blanco unos momentos sin decidir si debía acudir ella o dejar que fuera su tío o Lizzie.
—¿Qué esperas niña? ¿No oyes la campanilla? —le llamó la atención tía Queenie mientras pelaba un pato.
—¿Debo ir yo?
—¿Qué no eres la doncella ahora?
—Sí pero…
—¿Qué te pasa, desde cuando te has vuelto tan tímida?
—No es eso, es que encuentro tan extraño a lord Wadlow.
—No tiene nada de extraño, solo es un hombre solitario que ha sufrido mucho.
—¿Por qué?
—Ve pronto y no seas curiosa.
Laura se quitó el delantal y salió a la carrera, la mansión era enorme y la habitación de lord Wadlow era la última del ala oeste.
Cuando Thomas escuchó que llamaban a la puerta, cubrió sus ojos con un brazo y fingió dormir. Como él esperaba, Laura entró a la habitación al no obtener respuesta. Esta vez la joven no fue hasta la cama, sino que se acercó a la ventana a mirar el jardín. Los rayos de sol de la tarde se reflejaban en su cabello el que parecía despedir fuego de lo rojo que se le veía, Thomas volvió a sentir una punzada de deseo al observar el rostro pecoso de Laura. Al mirarla no podía pasar por alto que era una mujer muy joven, tal vez demasiado, sin embargo sus formas voluptuosas eran las de una mujer cuyo cuerpo estaba hecho para hacer feliz a un hombre en el lecho. En este punto ordenó a su mente frenar sus pensamientos o tendría que repetir la rutina de la hora del baño.

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