“La ceremonia pasó sin problema, escuché al juez hablar sobre el matrimonio y lo que significaba, luego tuve que repetir mis votos y él los suyos. Los dijimos sin dejar de mirarnos a los ojos.
Cuando el juez me miró fijamente presté real atención.
—Ana Luisa —me llamó—. Aceptas a Patrick como tu esposo, para respetarlo y amarlo por el resto de tu vida—. Arrugué mi frente un segundo y lo miré, él se veía tenso.
Sonreí un poco al comprender que dudaba de lo que pudiera decir.
—Sí, acepto —dije sin dejar de mirar a Patrick, él alzo una ceja divertido y relajado.
—Patrick, aceptas a Ana Luisa como tu esposa, para respetarla y amarla por el resto de tu vida—. Él también me miró y sonrió antes de decir.
—Sí, acepto.
Hasta que el año nos separe, pensé divertida mientras el juez continuaba.
—Por el poder que me confiere el estado, los declaro marido y mujer —él miró a Patrick —puedes besar a la novia.
Nos congelamos.
Oh rayos, pensé, como no había considerado esto.
Ambos nos pusimos frente a frente. Patrick me quitó el velo y tragué. Entrecerró los ojos al verme. Levantó mi mentón con su pulgar e índice y se acercó a mí, solo que llegó a mi oído.
—¿Por qué tan nerviosa? —susurró, evité estremecerme.
—Esto te saldré más caro —susurré de vuelta.
Se alejó para verme enseguida y apreté mis labios para no reírme, lo notó y movió su cabeza de un lado a otro suavemente. Como venganza me tomó de la cintura y me acercó a su pecho.
Jadeé un poco cuando su boca tocó la mía y sin pensarlo enredé mis dedos en su cabello sedoso.
Escuché a la gente aplaudir a nuestro alrededor pero no se alejó de mí, solo luego de unos segundos lo hizo y al verme sonrió con suficiencia.
—Desvergonzado —susurré incrédula por lo que había hecho.
Soltó una carcajada que también me dejó sorprendida. Nunca lo había oído reírse.”

