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28 jul 2014

La magia del río / Lujanes 1 - Cristina Pereyra

La magia del río (extracto Cap. 5)

–A veces –empezó a decir Juliet, con inseguridad –tengo la sensación de que el río me llama. De que he venido hasta el Tigre por él. No puedo despegar mis ojos de él, como si fuese un amante exigente, que me llama para sus brazos.
Nicolás la miró con asombro. ¿Qué tenía el río que ver con ella? Juan Pablo nunca le había dicho que él río tenía alguna influencia en la otra mitad de los lujanes. ¿Por que ella sentía el llamado del río? ¿O sería su llamado lo que ella estaba sintiendo y por su relación íntima con el río la confundía?
Juliet se percató del espanto de Nicolás con lo que había dicho. Bien... era una tontería decir que recibía llamados del río... Tal vez no. Se acordó que había leído que los suicidas decían que cuando se quedaban en el borde de un puente, antes de saltaren, oían el agua les llamar. Tal como en la leyenda de las sirenas, era un llamado al cual no se podía resistir. Lo mismo que ella sentía ahora: un llamado irresistible del río.
Nicolás vio el cambio en el rostro de Juliet: de pensativa a aterrorizada.
Ella se quitó las manos de la barandilla y empezó a caminar hacia atrás con pasos lentos. La expresión de terror en la faz de Juliet asustó a Nicolás, él no sabía se intentaba calmarla solo o pedía ayuda. Nunca había visto alguien en tal estado. Cogió una da sus manos. Juliet no hizo un movimiento para retirarla, sólo continuó hasta alejarse del río, aunque continuaba mirándolo fijamente. Nicolás se puso delante de ella y le cogió la otra mano.
–Juliet –él habló muy bajo y despacio–. ¿Qué pasa? ¿Qué te ha asustado de esa manera?
–El río –murmuró Juliet.
–¿El río te asustó?
–El río me llama, Nicolás –dijo ella con la voz apagada–. Los ríos suelen llamar uno a la muerte... El río quiere mi vida, Nicolás...
Él estremeció al oír aquello, por un motivo muy distinto de aquél que hacía Juliet temblar como una hoja. Ella tenía miedo de la muerte, él, de algo tal vez peor que la muerte. Sin pensar en que podría significar su gesto, Nicolás la estrechó en sus brazos. Juliet lo aceptó y se encogió en ese abrazo que le dio seguridad.
–Cálmate, Juliet, has interpretado errado lo que sientes. Este es un río de vida, no de muerte. Si el que imaginas tiene algo de muerte, seguro que es en un sentido figurado. No es tu vida lo que el río quiere, quizá sólo pretende que tengas una nueva vida.
Nicolás acariciaba su espalda y al poco tiempo Juliet se fue sintiendo más calmada. Se acurrucó contra el pecho de Nicolás, sin importarle que estuvieran en medio del paseo, a la vista de todos. Lo único que deseaba era liberarse del miedo que había sentido por un rato, el miedo insano de que el río la fuese engullir.
Nicolás le hacía sentir segura. Inhaló aquel extraño olor que emanaba de él: una mezcla de agua y tierra que le recordaba el río. Pero de Nicolás no tenía miedo.
Cuando Juliet hizo un movimiento para se alejar, Nicolás la soltó, aunque mantuvo la mano de ella cogida y la condujo hasta un banco.
–¿Te sientes mejor?
La preocupación de él la emocionó, haciendo su respuesta salir en una voz temblorosa.
–Sí. Gracias, Nicolás, y disculpe mi tontería.
–El miedo no es una tontería, es nuestra capacidad de sobrevivir.
–Fui educada creyendo que es la mayor debilidad de una persona.
–Prefiero seguir vivo con esa debilidad que morir con valor.
Juliet rió. Nicolás decía todo de una manera simple, directa y siempre parecía sincero. Su manera de mirar la vida empezaba a encantarle. Reflexionó sobre lo que él le había dicho sobre su miedo al río.

23 may 2014

Cristina Pereyra (Brasil)

Biografía
Naci y vivo en el sur de Brasil, con sus mañanas de niebla, bosques de pinos e inviernos en que hace mucho frío. Escribo desde hace más de 20 años, pero solo he logrado publicar comercialmente el 2009. Me encanta la novela romántica, es el género que más he leído en mi vida y el en que me aventuré a escribir. Me gusta muchísimo viajar, y hago de los viajes una fuente de inspiración para mis libros. Soy maestra jardinera, así que a veces escribo para niños también. Escribir un libro es algo como un reto para mí pues tengo la mala costumbre de empezar cientos de cosas y terminar una pocas.